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La perrita que nació para ser perra

A muchos, entre los que se incluye el que suscribe, se nos cae la baba al ver a esta monería de perrita. Nada más verla inspira sentimientos tiernos, nos dan ganas de protegerla. Lo cierto es que rara sería la persona amante de los animales que vea a esta perra y no esboce alguna sonrisa o algún gesto propio de los humanos buscando un feedback con ella. Teniendo diez meses de edad aún no es adulta y conserva gestos y miradas infantiles. Pero no vamos a hablar únicamente de sus facciones, también hablaremos de otros apuntes que resultarán claves para marcar una vida placentera a nuestra amiga así como de todos los perros que nos resultan adorables.

 

Lola, así es como se llama, es la perra de unos GRANDES amigos. Iniciaron una vida en común con ella tras adoptarla por medio de una casa de acogida. Le compraron un arnés rosa precioso con correa a juego, una cama que mi espalda ya quisiera, un comedero muy chulo, un bebedero automático y los múltiples juguetes que todo perro ha de tener en una casa. Hasta ahí es todo lo que cualquier propietario ilusionado con un perrito que ha adoptado haría como mínimo. Pero para ellos no fue suficiente. Recuerdo la cara seria de mi amigo preguntándome cómo podía hacer más por ella. Al igual que he escrito en algunos artículos, le dije que se plantease una idea, un concepto de lo que quería para ella en un futuro y se pusiera a ello. Él quería que su perra fuese equilibrada, que no tuviera ningún problema con otros perros, que fuera una perra capaz. Pues bien, a día de hoy la veo andar sin correa perfectamente, la veo relacionarse con otros perros, la veo acudir a la llamada como un rayo, la veo hacer habilidades, la veo jugar de una forma ordenada con normas y, sobre todo, la veo capaz. ¿Cómo han hecho que una idea sea una realidad? Simplemente se lo han planteado y han sacrificado algo de ellos en pro de beneficiarla. Saben perfectamente que su perra es una perra y que como perros se han de comportar, incluso ellos mismos, a la hora de solventar dificultades, pensando el cómo actuar antes de moldear un comportamiento, en las formas y tiempos de hacerlo y, sobre todo, otorgando a su perra unas rutinas que le gusten a ella.

 

Recientemente Lola y su dueño han venido a pasar unos días a Alicante, en los que hemos aprovechado para hacer de ella una perrita más completa y he sentido la necesidad de escribir sobre el proceso con el fin de poder ayudar a personas que tengan perros de estas características.

 

 

Muchas personas se echarían las manos a la cabeza si digo que esa perrita diminuta entró a formar parte de una manada compuesta de dos rottweilers, una pastora alemana, una perra loba checoslovaca, una perra que vivió cuatro años liderando a su propia manada en los campos de Elche, un podenco andaluz y un perrito que se llama Pedro, no tendrá raza pero llamándose así tiene que molar. Al principio de introducirla en la manada la perra loba checoslovaca le dejó claro que acababa de llegar a un mundo de perros, con normas de perros. Padmé, con la elegancia que sólo ella sabe poner en escena, le marcó una dominancia, más cercana al mundo del lobo que al del perro, tal, que cualquier persona hubiera sacado a su perra de ahí ipso facto. Ellos no lo hicieron. Como explico en el artículo “Viviendo con una loba”, Padmé no acepta comportamientos raros, tiene algo en su interior que hace que todos los perros que entran en casa pasen a formar parte de la manada, y para ella eso significa que ese nuevo miembro ha de ser perfecto. El teatro de la loba hizo que Lola tuviera un enorme respeto y sensación de inseguridad inicialmente, por no saber cómo comportarse. Nunca ningún perro le había “hablado” de esa forma, nunca le había dicho un perro que no le gustaba algo de su comportamiento. Lo primero que hizo, y que haría cualquier perro, es correr a buscar la protección de sus dueños que, gracias a que confiaban en la manada, no compartieron. Sabían que Padmé no buscaba hacerle ningún daño, que únicamente lo que quería era que se calmase y dejase de actuar de forma descontrolada. Cuando esto sucedía Padmé dejaba de prestarle atención, pero si volvía a comportarse de forma descontrolada se situaba de nuevo sobre ella y la empujaba con el trasero para intentar que volviese a comportarse de forma tranquila y ordenada, mostrando fuerza de forma muy social, lo que en idioma humano sería como pedirle que se calme a una persona que está fuera de sí agarrándola por los hombros y diciendo -¡Tranquilo, mírame!, ¡estoy aquí, contigo!, ¡todo va a ir bien!-.

 

Así que el trabajo estaba servido, varios paseos con Lola y la loba para ajustar su comportamiento, marcar sus límites y eliminar esas conductas descontroladas que tan poco le gustan a la loba y, por el contrario, tanto gustan a los humanos (los mencionados comportamientos de sobreexcitación que solemos confundir con alegría, donde Padmé sólo ve a un perro haciendo el loco y quiere que cese, y yo lo secundo). Poco a poco, en los paseos, Lola aprendió a aceptar que Padmé no es ninguna tirana, sólo le indicaba que hay cosas que se pueden hacer y otras que no son aceptadas. Lo genial en Padmé es que no acepta todo lo que hace infeliz a un perro, fomentando así los comportamientos aceptados que son los propios de un perro equilibrado.

 

La clase número uno estaba completa, ya era miembro de una manada de perros, una de verdad, estable y siempre unida bajo el mismo techo. Ahora tocaba la segunda clase, su lugar dentro del grupo. Para esa clase intervinieron todos los miembros de la manada. Leya, la pastora alemana, es una de las más respetadas y veteranas. Le enseñó a que pueden acercarse mutuamente sin problemas pero ella no permite comportamientos de cachorro dirigidos hacia ella. Leya ya no quiere ser madre ni educadora salvo en momentos muy puntuales, le marca los espacios y Lola ha aprendido a respetarlos. Los rottweilers, también veteranos, lo mismo, se muestran serios y no aceptan sus invitaciones al juego. El resto de perros según el momento del día interactúan más o menos con ella. Lola va aprendiendo el manejo de diferentes tipos de carácter y eso es lo que va a hacer de ella una perra capaz, puesto que el perro más válido, el más socializado, es aquel que sabe lidiar con diferentes tipos de perros adaptándose a cada individuo según su personalidad. Padmé y Cala tienen el peso educativo de los juegos de lucha y caza, algo que resulta muy cansado por tener que ponerse a la altura energética de una cachorra, jugar todo el día, aguantar sus saltos encima de la barriga, sus tirones de oreja y cola… Vamos, una fiesta. Pero lo bonito de la educación está en esta parte, la perra que más le exigió, la que más autoridad le mostró, se convirtió en su mejor y preferida compañera de juegos, Padmé.

 

Lola, gracias a lo aprendido, ya va apuntando maneras en el mundo canino, pero faltaba una clase, la caza. Para ello no hay mejor maestra que Cala, la perra que vivió cuatro años vagando con su propia manada por los campos de Elche y no solo no pasó hambre, sino que tanto ella como su grupo estaban bastante bien nutridos (todos rescatados). Algunos perros de ciudad y todos los perros que han vivido en la calle, cuando salen a pasear no pasean realmente. Salen en busca de comida, salen a reconocer el terreno, en definitiva, salen a pasear de forma más seria. Cala es una de ellas, su comportamiento es el del rastreo, el venteo, ante cualquier movimiento en la noche se pone alerta y el más mínimo ruido entre la maleza llama su atención. Una depredadora nata. Hace lo que un perro ha nacido para hacer, cazar. Este dato llama mucho la atención de algunos de mis clientes. Sé que es difícil ver la carita de Lola y decir que es una depredadora nata, pero lo cierto es que es así, tanto ella como todos los perros han venido a este mundo para matar animales y comérselos en pro de salvaguardar su especie. Como depredadora iniciada, Lola no puede evitar fijarse en todo lo que hace Cala. Cuando ve sus movimientos, su actividad predatoria, algo le incita a prestar atención y acompañar a Cala en su empresa. Así es como, poco a poco, tras verla cazar e ingerir varias chicharras, saltamontes y moscas, se aventura a iniciar la caza junto a su maestra y… ¡premio!, en uno de los intentos logra cazar a una chicharra. Pocas veces he visto una cara de satisfacción tan evidente como la de Lola al comerse un bicho. Felicidades Lola, ya eres un perro. Con este detalle plasmo mi filosofía para con los perros. Respeto su felicidad por encima de la mía (como humano), prefiero verla feliz comiendo un sucio bicho que verla preciosa tras salir de la peluquería canina. Prefiero ver la citada imagen que darle una tarta de cumpleaños hecha con carne de animales muertos que ella no ha cazado. Soy feliz si ellos son felices a su forma, soy yo el que ha decidido tener siete depredadores de mascota, ellos no van a dejar de serlo por más que apriete los parpados enérgicamente y lo desee con fuerza, son lo que son. Esto no va a hacer que les ponga a mis perros a una cabra viva encadenada de merienda como le daban al Tiranosaurio Rex de “Jurassic Park”, no, pero no me molesta lo más mínimo que cacen bichitos. Este comportamiento nunca se pone a juicio cuando el animal que caza es un gato en lugar de un perro, pero algo nos hace querer exigirles más a los perros, y esto posiblemente sea por culpa de que nos aguantan más nuestras impertinencias que los gatos. El gato a la mínima nos deja bastante claro si nos estamos pasando.

 

Con esa clase magistral de caza finaliza la iniciación al mundo de los perros. Tanto mi amigo como yo mismo nos hemos mantenido como meros supervisores. No hemos intervenido más que frenándola en situaciones en las que Lola quería jugar y mis perros estaban demasiado cansados para seguir. El peso ha recaído sobre siete perros de los cuales me siento tremendamente orgulloso. Tras su “campamento de verano” nuestra amiguita ha aprendido a no acercarse histérica a un perro cuando aparece en el paseo, maneja mejor a éstos, juega de una forma más controlada y sabe diferenciar con quién puede jugar más y menos fuerte, cada vez es más obediente con sus dueños y sobre todo, lo que más importancia tiene, es que desde que la conozco no la he visto tan perra como en las aventuras que se corre con su manada, se la ve integrada y con ganas de aprender y disfrutar, se la ve una perra de bandera.

 

Da igual lo precioso que sea tu perro, las monerías que te haga, lo adorable que sea, eso son regalos que los perros nos dan y que nos resultan placenteros a nosotros, los humanos. Los perros, perros son y una adorable perrita tiene las mismas necesidades que una imponente perra loba o que un intimidante Rottweiler, ella quiere ser perra. Me resulta un comportamiento egoísta el querer privar a un animal de ser perro por el mero hecho de ser precioso o pequeño. La estadística ante los problemas de conducta nos dice que los perros, cuanto más guapos y más pequeños, más dificultades padecen. Sí, se pueden coger con facilidad en los brazos, no molesta nada si se suben al sofá, en la cama ni nos enteramos si se suben, dan ganas de cebarlos por verlos “necesitados”, su belleza nos anima a comprarles complementos ¡les quedan genial! Todo esto en su justa medida está bien hacerlo, pero si no les dejamos un porcentaje de tiempo en el que puedan ser perros, con todo lo que conlleva, pasa a ser una relación en la que nos beneficiamos más nosotros. Tenemos la obligación como “padres” de hacer autocrítica y esclarecer si lo que hacemos es lo correcto para el bienestar de nuestros perros o, por el contrario, estamos proyectando una imagen equivocada de ellos empeñándonos en que sean algo que no son. Por más que apretemos los parpados enérgicamente y lo deseemos con fuerza… Siempre serán perros.

 

Gracias por pensar más en Lola que en ti mismo cuando dos rottweilers y una loba hacían desaparecer a tu perra bajo sus cabezas, gracias por respirar y eliminar todos los miedos propios de los humanos y tener paciencia, por olvidarte de la diferencia de tamaño, por no hacer caso al hecho de que en la boca de Godrik, Lola se pude hacer un loft. Después de este tiempo me puedo aventurar a decir que le espera una gran vida canina y eso, para ella, es lo más grande. Dale a Lola su carné, ya es de la familia.

 

 

 

Pascual Verdú (Adiestrador inscrito en el Registro Oficial de Adiestradores Caninos Capacitados de la Comunidad Valenciana CV-ACC70)

Tera-Can (Pascual Educación Canina en Alicante). Conoce más sobre el maravilloso mundo canino. Resuelve problemas de conducta y malos hábitos de tu perro simplemente usando sana y natural comunicación canina. Educación Canina y Adiestramiento Canino Alicante.  

 

 

 

 

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