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Los seres más nobles

La nobleza que poseen los perros es una de las cosas por las que me apasiona tanto su mundo, su forma de vivir y de hacer. Nobleza absoluta. Nobleza al bajarse del sofá si se lo pedimos, nobleza al sentarse cuando se lo indicamos, al jugar con niños de forma más tranquila de lo habitual para no hacerles daño, nobleza al morder la mano del humano que le va a quitar su hueso, nobleza al atacar a aquel patinador tan escandaloso, al gruñir al vecino, nobleza al acompañarnos a la perrera donde lo vamos a abandonar, o al veterinario para su injusto sacrificio… Nobles a más no poder, nobles hasta la muerte, les llegue como les llegue.

 

Los perros son animales sociales perfectos que se adaptan con exquisita excelencia al entorno en el que se crían y viven. Después del ser humano, son los animales que mejor se adaptan a los diferentes entornos, viven en el hielo y en el desierto, en islas y en montañas, en casas de campo donde hay muchos perros y solos en el centro de Madrid. Se adaptan les pongas donde les pongas. Allá donde estén, los perros buscan el equilibrio mental entre sus necesidades y las del grupo con el que convive. Así aprenden a realizar diferentes patrones de comportamiento que sean beneficiosos para todos, y ahí es donde surgen, o no, los malos entendidos. Aprenderá a adaptarse a la vida que le toque manifestando sus respuestas, de las cuales unas las veremos correctas, pero otras no tanto. El denominador común es que nuestro perro siempre creerá que hace lo correcto, de lo contrario no lo haría, ahí está su nobleza. Desde el punto de vista de su naturaleza, cuando nuestro amigo ladra a un patinador en la calle, en su comportamiento hay nobleza. Él únicamente busca el bienestar de su grupo y el de sí mismo. Ha aprendido del entorno en el que vive que esa respuesta es la que le sitúa en una posición más segura, haciendo esto encuentra su equilibrio. Nadie de su grupo le ha dicho lo contrario y llevando la iniciativa ha salido beneficiado tanto él mismo como el grupo. Nobleza de principio a fin. Si analizamos con detalle este comportamiento veríamos que se desarrolla de la siguiente manera:

 

                -Un día paseando con su dueño se cruza con un patinador que va haciendo mucho ruido. Asustado, el perro recula hacia atrás intentando huir de aquello que le produce temor. Su sorpresa está en que no puede huir todo lo que le gustaría puesto que está atado y siente una tremenda frustración.

 

                -El dueño intenta calmarle en un perfecto castellano pero nuestro amigo solo percibe el tono de la voz, que suena como lo que él entiende que es un gimoteo. El gimoteo es un sonido comunicativo de grupo que, en este contexto en concreto, significaría frustración por miedo y petición de cobijo o de cese de agresión (en diferentes contextos tendrá diferentes significados pero siempre desde un punto infantil, de inferioridad social o de frustración). El dueño le acaba de decir claramente que él también se ha asustado y le pide protección.

 

                -Otro día el perro ve a lo lejos a otro patinador pero esta vez sabe que no va a poder huir y que el humano no va a hacerse cargo de solventar el problema, así que decide lanzar un tímido ladrido para alejar a su agresor. Sorprendentemente, el patinador no se lanza hacia ellos para devorarlos y prosigue su camino. Nuestro amigo acaba de usar una respuesta y ha salido muy beneficiado de esto, ha salvado la vida.

 

                -Un día más nuestro amigo canino y su bípedo compañero se enfrentan a los malvados patinadores. Esta vez la autoestima del perro está por las nubes y su ladrido es más potente. Sabe que le funcionará puesto que así ha sido en el pasado. El humano intenta hacerle callar gritándole un ¡no! Una vez más le grita en un perfecto castellano pero el perro entiende, por su tonalidad, que éste está ladrando. Ya no es un perro el que ladra, ahora es un perro y un humano. Lo que el perro está haciendo, en su mente, es lo correcto para su propia integridad y para la de su amigo. Nobleza de la más pura.

 

                -Esta situación repetida en el tiempo haría que nuestro perro cada vez estuviera más seguro de sí mismo y en un estado más emocional. La agresividad pronto superaría al teatro que hacía anteriormente y cada vez estaría más cómodo con su respuesta, se sentirá más y más fuerte. No estaremos muy lejos de ver una mordida a uno de estos patinadores si nos descuidamos. No es que nuestro perro sea un antisocial o que “sea así”, quiere decir que hemos sido partícipes del nacimiento de un comportamiento y no hemos sabido atajarlo. Siempre se está a tiempo de aprender, humanos y perros, sea cual sea la edad. Siempre podemos ayudar a encontrar el equilibrio de una forma más sana.

 

Este ejemplo lo podríamos extrapolar a todas y cada una de las situaciones que crean problemas de conducta en nuestros perros. Los que me conozcan sabrán que para mí casi todos los problemas de conducta son faltas de entendimiento entre humanos y perros. Los humanos intentan enseñar a sus perros que una actitud es correcta o incorrecta, pero éstos entienden lo contrario y dentro de sus mentes piensan que actúan bien. Repetiré esto varias veces puesto que todos aquellos perros que tienen problemas de conducta merecen este hincapié. Sabed que vuestros perros actúan como creen que es lo más correcto para ellos y para vosotros, sea cual sea la gravedad de su “mal comportamiento”. No me cabe la menor duda de que también la mayoría de los dueños creen que están haciendo lo correcto para el bienestar de sus perros. Pero estas líneas son para vosotros, vosotros sois quienes podéis ayudar a arreglar los malos entendidos. Para nosotros es relativamente fácil aprender a hablar a su modo, lo contrario es un imposible. Yo, lo máximo que he conseguido con mi Leya es preguntarle ¿quién es? y que me conteste ¡guau!

La gente opina que a los perros les falta hablar para ser perfectos, pero realmente hablan de una forma muy clara y lo hacen a todas horas, pero a su modo. Cuando nosotros “hablamos” con perros de nada vale intentar hacerlo de la forma en que lo haríamos entre humanos. Hablamos con animales y hemos de usar otra forma de comunicación, la corporal, las tonalidades, la seguridad de aquello que hacemos… Todo esto será lo que realmente nos ayudará a hablarles. Imaginemos que nos tienen que operar de apendicitis, una operación que a día de hoy es relativamente fácil. Las visitas que vengan antes de la operación serán cruciales para moldear nuestro estado de ánimo. Dudo que alguien entre a vernos y se ponga de los nervios gritando ¡no te mueras, por favor!, ni que entren con un estado de nerviosismo tal que haga que nos planteemos el salir corriendo del hospital con el culo al aire. La gente entrará calmada e intentará transmitirnos tranquilidad, nos hará chistes, nos animará… todos sabemos que en esa situación hay que transmitir cierta alegría, las visitas cuando se ponen nerviosas, por instinto, salen fuera de la habitación para que el ingresado no lo vea. Damos calma y tranquilidad, nunca damos duda, miedo o nerviosismo. No lo sabemos pero actuamos de una forma más corporal que verbal, aflora nuestro instinto. Si esto lo hacemos tan bien y nos sale de forma natural, deberíamos ser igual de atentos cuando nuestro perro recula por tener miedo de un patinador, sus miedos son de igual valor que los nuestros antes de entrar al quirófano. Nunca debemos compadecernos de él proyectando lástima, debemos darles tranquilidad y ser conscientes de que tenemos algo que arreglar, en lugar de huir de los patinadores tendremos que presentárselos de menos a más con naturalidad y normalidad, eliminando los malos comportamientos y fomentando lo buenos, pero siempre con calma y de forma positiva.

 

Muchas de las personas que acuden a mí piensan que el problema que tiene su perro es intratable y luego son los que más se sorprenden al ver que únicamente había que decirle las cosas en lenguaje canino, tomar las riendas del problema de nuestro perro y darle una solución con calma que otorgue bienestar a todos. Si nuestro perro tiene un problema, lo tenemos nosotros, eso es una familia/manada.

 

Todos los comportamientos que realiza nuestro perro son para conseguir equilibrio en sus mentes, para otorgar un bienestar ante situaciones que creen estresantes. Pero un perro es un animal social y esto les condiciona mucho, es decir, que lo hacen por nosotros también. Si pasea y amenaza a patinadores, perros, ciclistas… lo hace por nosotros. Piensa que nos ayuda.

 

Aprendamos a entenderles, aprendamos a hablar a su manera. Los perros son maravillosos compañeros de viaje y se comportarán siempre de la forma más noble para con ellos y nosotros mismos, que lo hagan de una u otra forma dependerá de nuestra implicación familiar. Podemos conseguir darles el equilibrio que buscan de una forma más socialmente aceptada, más calmada. Ellos se implican en el grupo incondicionalmente, serían capaces de enfrentarse a un ejército de malvados y crueles patinadores por nosotros aunque seamos unos extraños seres a los que no entienden del todo bien y aunque, de vez en cuando, seamos un poco injustos a sus ojos. Lo harían con una nobleza desmesurada aunque ello les lleve a la muerte en la calle o en la mesa de un veterinario.

 

Nadie quiere pelearse a vida o muerte por nada, todo son enormes y desafortunados malos entendidos. Entendámosles, eduquémosles. Se lo debemos.

 

 

 

 

 

 

Pascual Verdú (Adiestrador inscrito en el Registro Oficial de Adiestradores Caninos Capacitados de la Comunidad Valenciana CV-ACC70)

Tera-Can (Pascual Educación Canina en Alicante). Conoce más sobre el maravilloso mundo canino. Resuelve problemas de conducta y malos hábitos de tu perro simplemente usando sana y natural comunicación canina. Educación Canina y Adiestramiento Canino Alicante.  

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